Marcos, mucha gente le conoce por los proyectos que lidera ahora, pero pocos saben de dónde viene. ¿Dónde empieza todo esto?
Empieza con chicos a los que el sistema y la vida los llevó por otro camino. Yo pasé casi diez años trabajando en el área de Menores con medidas judiciales, de hecho, fui director de Valle Tabares durante casi dos años. Allí aprendí algo muy importante y que se da muy poco en la consultoría actual: a escuchar, a acompañar. Y entendí que, si eso puede cambiar la vida de una persona, también puede cambiar la de un territorio. Ese fue el origen de todo.
Luego dio un giro profesional fuerte: pasó de lo social a la alta consultoría. ¿Por qué?
No fue tan sencillo. Salir del sector privado e ingresar en el sector público es relativamente fácil, pero, hacerlo al revés cuesta mucho más. Un día le dije a mi familia: dejo el sector público y quiero hacer un máster para dar el salto al sector privado. Y así, tras un año de pruebas, fui admitido en el IESE para hacer el Global Executive MBA, uno de los más prestigiosos del mundo. Fue una época muy intensa, con mucho viaje, Nueva York, Silicon Valley, Shanghái, Sao Paulo… Definitivamente una de las mejores experiencias de mi vida. Durante la realización del máster, empecé a hacerme preguntas incómodas. ¿Quién y cómo se toman las decisiones que definen un barrio, una isla, una generación? ¿Qué lógica hay detrás de todo? Quise entender cómo se mueve el sistema.
¿Qué es exactamente Cumbre 8? ¿Qué la hace distinta?
Es una consultora, sí. Pero queremos distinguirnos de las grandes firmas internacionales y de las locales que actualmente operan en las islas. Nuestro modelo parte de una convicción: el conocimiento técnico tiene que hablar el idioma del territorio. Nosotros pensamos desde aquí. Planificamos y ayudamos a ejecutar desde dentro. Y eso lo cambia todo. Hacemos planes estratégicos, acompañamos a instituciones a diseñar proyectos transformadores… pero siempre con los pies en la tierra y nunca mejor dicho. Y con algo muy claro: que el desarrollo no puede ser una cosa que se le hace al territorio. Tiene que ser algo que nace del territorio.
¿Y eso cómo se traduce en la práctica?
En que no llegamos con soluciones prefabricadas. Escuchamos, traducimos necesidades en acciones que transformen con verdadero impacto, pensamos en cómo hacerlas realidad. No hacemos informes que se quedan en un cajón. Lo que queremos es ver el resultado: una familia a la que se le cambia la vida, un joven con acceso a una beca… en definitiva, una región que se reconoce en su modelo de desarrollo.
Hablando de desarrollo, uno de sus proyectos más ambiciosos está en Lanzarote: el llamado MET, Marco Estratégico de Transformación. ¿En qué consiste este proyecto?
Sin duda, uno de los proyectos más apasionantes, sobre todo por el contexto actual. Lanzarote, como Canarias y también parte del mundo, tiene un problema de dimensionamiento y actualización de recursos en términos de infraestructuras, servicios, etc., provocado principalmente por el crecimiento poblacional. Al mismo tiempo el sentir del residente es que a medida que la isla atrae más turismo, se percibe menor impacto económico local, y, mayor deterioro de nuestro paisaje, nuestro ecosistema, nuestros parques nacionales… En este contexto, los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo Insular de Lanzarote, de forma pionera en Canarias, deciden abordar este problema, desarrollando un marco transversal, ordenado, técnico y riguroso, que diseñe y ejecute una serie de proyectos e iniciativas para transformar el modelo turístico, desde la cultura, el arte, el paisaje. Con la premisa de que todo lo que se diseñe y ejecute tiene que ser financiado directamente desde el bolsillo del turista. Aplicando a raja tabla el principio de “menos es más”, incrementar el impacto económico del turismo incidiendo en lo cualitativo. Desde Cumbre 8 los acompañaremos durante los próximos cuatro años, aportando un equipo íntegramente canario, con base en Lanzarote para ayudar a repensar y rediseñar el modelo turístico de la isla desde el respeto a lo que fue -el legado de Manrique, el equilibrio con el territorio- y desde la responsabilidad de lo que debe ser: un modelo más justo, más circular, y más consciente.
¿Y cómo se logra mover un sistema tan consolidado como el del turismo?
He de decirle que, con criterio, con valentía política, con mucho rigor técnico, con mucha conversación y escucha, y con una papelera muy grande en la que tirar las ocurrencias. Lanzarote no necesitaba otro eslogan o más papeles en un cajón… Necesitaba una dirección clara. Ahora todas las fuerzas políticas de la isla coinciden en ello.
En Tenerife también están haciendo algo importante, especialmente en La Laguna. ¿En qué consiste?
Estamos ayudando al Ayuntamiento de La Laguna a construir una cartera de proyectos transformadores que puedan atraer fondos europeos. Pero lo hacemos con una lógica clara: no es una carrera por el dinero. Es una estrategia de desarrollo de ciudad. Cada proyecto que planteamos debe tener sentido para la ciudad, impacto para la ciudadanía y viabilidad para ejecutarse. Sobre todo, eso, que se ejecute. Estamos verdaderamente obsesionados y enfocados en que el dinero se gaste. A este respecto y durante los próximos cuatro años, estaremos trabajando con los equipos técnicos del propio municipio, analizando los proyectos actuales y diseñando nuevos, y, sobre todo, entendiendo qué hace falta. Y eso, para mí, es hacer consultoría de verdad: estar en el territorio, no encima.
Todo esto suena muy idealista. ¿Dónde entra la parte dura del trabajo?
En modificar el statu quo bajo el cual estimaron que necesitaban ayuda externa. Nosotros somos transparentes con nuestros clientes. Somos leales a la realidad de los problemas y a las soluciones, si no podemos hablar con claridad, el proyecto no va a tener éxito. Y he de decir, que tanto la parte política como la técnica de cada proyecto están colaborando de manera espectacular y están muy contentos e ilusionados con el trabajo que se está haciendo.
¿Qué ha aprendido liderando todo esto?
Que cuando un líder político tiene claro su propósito y sus técnicos lo respaldan, la consultoría tiene mucho impacto. Y que muchas veces lo más poderoso no es un gran presupuesto, sino una buena pregunta, una, que en muchas ocasiones nadie se ha atrevido a hacer.
¿Qué tipo de legado le gustaría dejar?
Me gustaría que se dijera: “En ese momento, Canarias empezó a creerse capaz”. No por mí, ni por Cumbre 8, por supuesto. Sino porque lo hicimos de otra manera, con rigor, con identidad, con arraigo, con verdad. Y eso cambia la historia de las regiones…
¿Y cómo explica a sus hijas a qué se dedicas?
Me lo preguntan a menudo (ríe). Les digo que me dedico a pensar Canarias con cariño. Y que ojalá, cuando crezcan, vivan en una tierra que no solo exporte sol, sino ideas y conocimiento. Y que sepan que su padre ayudó, un poco, a construirla.

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